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jueves, 29 de noviembre de 2012

El amigo del agua



El señor Algaroti vivía solo. Pasaba sus días entre pianos en venta, que por lo visto nadie compraba, en un local de la calle Bartolomé Mitre. A la una de la tarde y a las nueve de la noche, en una cocinita empotrada en la pared, preparaba el almuerzo y la cena que a su debido tiempo comía con desgano. A las once de la noche, en un cuarto sin ventanas, en el fondo del local, se acostaba en un catre en el que dormía, o no, hasta las siete. A esa hora desayunaba con mate amargo y poco después limpiaba el local, se bañaba, se rasuraba, levantaba la cortina metálica de la vidriera y sentado en un sillón, cuyo filoso respaldo dolorosamente se hendía en su columna vertebral, pasaba otro día a la espera de improbables clientes.
Acaso hubiera una ventaja en esa vida desocupada; acaso le diera tiempo al señor Algaroti para fijar la atención en cosas que para otros pasan inadvertidas. Por ejemplo, en los murmullos del agua que cae de la canilla al lavatorio. La idea de que el agua estuviera formulando palabras le parecía, desde luego, absurda. No por ello dejó de prestar atención y descubrió entonces que el agua le decía: “Gracias por escucharme”. Sin poder creer lo que estaba oyendo, aún oyó estas palabras: “Quiero decirle algo que le será útil”. A cada rato, apoyado en el lavatorio, abría la canilla. Aconsejado por el agua llevó, como por un sueño, una vida triunfal. Se cumplían sus deseos más descabellados, ganó dinero en cantidades enormes, fue un hombre mimado por la suerte. Una noche, en una fiesta, una muchacha locamente enamorada lo abrazó y cubrió de besos. El agua le previno: “Soy celosa. Tendrás que elegir entre esa mujer y yo”. Se casó con la muchacha. El agua no volvió a hablarle.
Por una serie de equivocadas decisiones, perdió todo lo que había ganado, se hundió en la miseria, la mujer lo abandonó. Aunque por aquel tiempo ya se había cansado de ella, el señor Algaroti estuvo muy abatido. Se acordó entonces de su amiga y protectora, el agua, y repetidas veces la escuchó en vano mientras caía de la canilla al lavatorio. Por fin llegó un día en que, esperanzado, creyó que el agua le hablaba. No se equivocó. Pudo oír que el agua le decía: “No te perdono lo que pasó con aquella mujer. Yo te previne que soy celosa. Esta es la última vez que te hablo”.
Como estaba arruinado, quiso vender el local de la calle Bartolomé Mitre. No lo consiguió. Retomó, pues, la vida de antes. Pasó los días esperando clientes que no llegaban, sentado entre pianos, en el sillón cuyo filoso respaldo se hendía en su columna vertebral. No niego que de vez en cuando se levantara para ir hasta el lavatorio y escuchar, inútilmente, el agua que soltaba la canilla abierta.

lunes, 26 de noviembre de 2012


esto lo saque de la pagina de una amiga aquí les dejo su blogs





"Solo cuando hallas cortado el ultimo árbol, cuando hallas contaminado el ultimo rió, cuando hallas pescado el ultimo pes, sabrás que el dinero no se puede comer" O. Maiso 

sábado, 24 de noviembre de 2012

Cuenta la historia que un joven de la ciudad se fue al campo y le compro un burro a un viejo campesino por 100$. El campesino acordó entregarle el animal al día siguiente, pero al día siguiente el campesino le dijo:
_Lo siento hijo, pero tengo malas noticias...el burro murió.
_Bueno, entonces devuélvame el dinero...
_No puedo, ya lo he gastado...
_Bien...da igual, entrégueme el burro...
_Y¿ para que? ¿que va a hacer con el?
_Lo voy a rifar.
_Estas loco ¿como va a rifar un burro muerto?
_Es que no voy a decir a nadie que esta muerto, por supuesto.
Un mes después de este suceso, se volvieron a encontrar el viejo vendedor y el joven comprador.
_¿Que paso con el burro?  
_lo rife, vendí 500 rifas a $2. cada una y gane $998.
_Y ¿nadie se quejo?
_solo el ganador...pero le devolví sus $2.

viernes, 23 de noviembre de 2012

espero poder ser de su agrado y sobre todo poder disfrutar con ustedes d cada una de vuestra publicaciones. 
para dar inicio a este sitio primero que nada quisiera decir que, mas allá de que seguro va a haber muchas ideas distintas y muchas interpretaciones dispares, todos los que estamos aquí reunidos, estamos por que nos gusta la literatura. bueno me gustaría terminar diciendo una frase echa...muchos sabrán de quien es


"ESCRIBO, LUEGO... QUIZÁS...EXISTO."